La artista argentina FRANSIA llegará por primera vez a Paraguay para presentarse este sábado 12 de septiembre en el Teatro de las Américas del CCPA, en el marco de CRANEAmúsica 2026. La visita tiene, además, una dimensión personal: su madre nació en Asunción y, aunque FRANSIA vivió apenas un año en el país y viajó por última vez cuando tenía dos meses, Paraguay forma parte de su historia familiar.
La cantante, compositora y productora llega con Fuentes Secretas, su cuarto álbum de estudio, una obra atravesada por la fe, el deseo, el amor, la fragilidad y la búsqueda de sentido. El disco nació durante un período de intensa introspección y luego permaneció durante un año y medio en proceso de elaboración conceptual y visual. En sus canciones, FRANSIA construye un universo donde lo místico convive con la experiencia cotidiana y donde la música aparece como una vía para comprender aquello que resulta difícil de nombrar.
Desde sus primeros trabajos, la artista ha explorado distintas dimensiones de la experiencia humana. Si Mundo Virtual la situaba en una nave espacial para hablar de metafísica, dimensiones y universos holográficos, Vida Real marcó su “aterrizaje” en el mundo cotidiano. Con Fuentes Secretas, ambos universos parecen encontrarse. En esta entrevista, FRANSIA habla de ese recorrido, de las fuentes interiores que dieron origen a su nuevo disco, de su relación con la fe y de por qué, para ella, cantar también puede ser una forma de rezar.
—Es tu primera visita a Paraguay. ¿Qué significa para vos llegar por primera vez al país y qué expectativas tenés de este encuentro con el público paraguayo?
—Para mí siempre es un verdadero lujo el hecho de vivir una vida conociendo lugares y países nuevos por la música, llevando mis canciones y mis shows. Pero con Paraguay tengo una emoción un poco especial porque mi madre nació en Asunción. Vivió solo un año ahí, pero está en su sangre y en mi constelación familiar. Viajé para allá para su cumpleaños número 28, cuando yo tenía dos meses. Con lo cual, mi mente consciente no lo recuerda en absoluto, así que espero sorprenderme para bien.
—Vas a presentar Fuentes Secretas, un disco que describís como una obra nacida de un proceso intenso de introspección y recuperación. ¿Qué necesitabas decir o sacar de adentro cuando empezaste a construir este álbum?
—Sinceramente, no recuerdo mucho de esos cinco meses en los que escribí este disco. En esos momentos estaba pasando por un momento muy particular, sumida en mis delirios. Solía salir a caminar por la 9 de Julio hasta el Obelisco, ida y vuelta, de noche, y al llegar escribía las canciones sin dormir. La ciudad, el amor, Dios, me hablaban para componer lo que ahora está en el disco.
—Hay una idea muy fuerte en el disco: que las “fuentes secretas” están dentro de cada persona. ¿Cuándo descubriste esas fuentes propias y cómo se transformó esa búsqueda interior en canciones?
—Creo que las encontré después de haber escrito las canciones del disco. Una vez que las tenía, me tomé un año y medio para pensar y bajar no solo la parte visual, sino también la conceptual. Fue la primera vez que le di tanto tiempo a esto, pero al ser un disco tan simbólico, necesitaba entender qué era lo que había hecho, más allá de las canciones; qué era lo que quería decir, qué era lo que las fuentes secretas verdaderamente significaban.
Y las fichas empezaron a caer y siguen cayendo hasta el día de hoy. Yo creo que es un portal que se abrió para mí y para todos, que ya nunca se cerrará. Las fuentes secretas son inagotables.
—La fe, la espiritualidad y los símbolos religiosos atraviesan todo el álbum, pero desde un lugar bastante alejado del dogma. ¿Qué relación tenés hoy con la fe y qué encontraste en ella como herramienta para atravesar momentos difíciles?
—Siempre viví en la fe, desde que nací, al principio como un cuento que te cuentan, pero siempre trabajé con los ángeles y sus luces de colores. Los ángeles de la guarda estuvieron conmigo desde que bajé. Siempre recé, después me distancié de la religión por rebeldía y por circunstancias difíciles, y luego me dediqué a trabajar de la energía, limpiando casas y personas.
Ahí se me abrió el canal de vuelta y saqué Mundo Virtual. En Fuentes Secretas se me bajó un manto de lucidez en donde entendí cuál era mi propia religión y pude unificar todo.
La fe no es algo literal que está afuera, en lo que tenemos que creer. La fe es un puente para conectar con nuestros propios poderes. Adentro nuestro se encuentran las respuestas, las bendiciones, la inspiración, las ganas de vivir.
Uso el poder de la oración como atajo tecnológico. Rezo no por las palabras mágicas, sino que sí se terminan convirtiendo en palabras mágicas porque en el momento en que rezo estoy invocando el sentimiento que necesite a cada momento: esperanza, alegría, seguridad, protección, paz de espíritu. Y eso mueve montañas.
—En Fuentes Secretas aparecen también la locura, la paranoia, el deseo, el pecado, el amor y la fragilidad. Son temas muy íntimos, pero los convertís en canciones pop. ¿Qué encontrás en la música que te permite hablar de aquello que quizás sería más difícil expresar de otra manera?
—Una de las canciones del álbum, que se llama “Visiones Luminosas”, empieza con una frase que dice: “Que esta canción diga todo lo que no puedo decir por mí”. Encuentro en la música un portal mucho más seguro para expresarme, un lugar donde la gente me va a escuchar y me va a entender más.
Nunca me sentí muy aceptada al hablar, solo por hablar. En ese y en muchos otros sentidos, es mucho más difícil ser yo que ser FRANSIA.
—“Tu Boquita” es presentada como un conjuro, mientras que “A veces” habla del amor como algo capaz de curar y elevar. ¿Qué lugar ocupa actualmente el amor romántico y el deseo en tu universo creativo?
—Desde el primer disco, el amor es una de las fuerzas que componen el universo de mi proyecto. Creo que todos los discos contienen un mensaje que tiene que ver con la crisis existencial, con lo místico, con la experiencia humana, pero también con el amor.
Para mí, el estado de estar enamorado es el espacio más propenso para crear. Por eso me gusta vivir enamorada. Te pone en un estado inspirado y alterado, donde soñás despierto, ves los colores de forma distinta. Necesito sentirme enamorada para escribir canciones. Y “A Veces” es la canción más romántica que escribí.
—Hay una frase que parece funcionar como uno de los corazones conceptuales del disco: “Mis aflicciones malignas luchan contra mis goces buenos”. ¿Sentís que el álbum nació justamente de esa tensión entre lo que te hace daño y aquello que te devuelve las ganas de vivir?
Sí, creo que esa tensión es fundamental en el disco y lo atraviesa por completo. Es un disco sumamente religioso, cargado de simbolismo. Las letras fueron dictadas, muchas de ellas ni siquiera recuerdo cómo las escribí. Es información celestial.
Pero también es un disco muy, muy profundo, casi ancestral. Las fuentes secretas te remontan a tiempos que no conocemos, tiempos oscuros. Creo que esa dualidad luz-oscuridad está presente en todos mis discos, pero en este especialmente, de una forma muy interesante para mí.
También esa tensión, trasladada a mis batallas internas, esa dualidad dentro mío: el buscar a Dios teniendo que lidiar con mis demonios mentales, con mis delirios, y el amor y la música como fuerzas salvadoras que hacen todo más sutil.
Quien me abrió el portal al universo de las fuentes secretas que creé fue San Agustín, con sus Confesiones. Su camino maldito hacia una vida santa.
—En discos anteriores exploraste la metafísica, el mundo virtual y luego una narrativa más directa y humana en Vida Real. ¿Qué cambió en vos entre aquella FRANSIA de Mundo Virtual y la que hoy se expone de esta manera en Fuentes Secretas?
La FRANSIA de Mundo Virtual estaba totalmente insertada en una nave espacial. Ahí hablaba de metafísica y data dura: dimensiones, portales, saltos cuánticos, desdoblamientos del tiempo, plataformas 5D y universos holográficos.
Vida Real empieza con una frase: “Recién aterrizada”. En Vida Real aterrizo de la nave espacial y exploro las luminosidades y las vicisitudes de este mundo cruel.
Y en Fuentes Secretas, casi como con códigos sagrados, todo se unifica de una forma mágica e inexplicable, porque en el fondo todos estos lenguajes se conectan y dicen lo mismo.
—También decís que una de las cosas más importantes es volver a una misma y aceptar las propias limitaciones. ¿Qué aprendiste sobre vos durante el proceso de hacer este disco que antes no podías ver?
—Tantas cosas. Tantas revelaciones. Para mí sigue siendo muy fuerte escucharlo porque me conecta con lo que tuve que pasar en ese momento por mis propias limitaciones biológicas.
Este mundo que creé adentro mío es un mar de revelaciones infinitas: cómo activar mis poderes y ayudar a los demás a activar los suyos, cómo entender la fe bajo mi propia religión, cómo acceder a los sentimientos que quiero invocar, el poder del rezo, el poder de la oración como atajo tecnológico, el poder de reconocer hasta dónde has llegado con tus propias fuerzas.
A veces es más fácil ver lo que te falta, hacer foco en adónde querés llegar en vez de comprender todo lo que lograste. Dios me puso muchísima ayuda en el camino, una vida con mil muertes y resurrecciones, pero además de esa ayuda fui yo quien me trajo hasta acá. A pesar de mis muertes estoy salvada, y la música vive en mí.
—Después de haber llevado tu música a distintos escenarios de América Latina y Europa, ¿en qué momento de tu carrera sentís que estás hoy y qué te gustaría que sucediera con FRANSIA a partir de este nuevo capítulo?
—Siento que estoy empezando a cosechar todo lo que sembré con tanto esfuerzo. Tengo visiones luminosas y estoy recibiendo e impartiendo las Bendiciones con este disco que marcó mi vida para siempre. Mi misión es expandir la música tan lejos como sea posible, sin límites.







