Entre anécdotas, risas y reflexiones, María Alché y Benjamín Naishtat pasaron por Cine de Barrio, en la ciudad de Asunción. Allí, el público pudo disfrutar de Puan (2023) y conversar posteriormente con sus realizadores. Sintonía charló mano a mano con los directores argentinos sobre su última película, los procesos creativos, los vínculos y sus proyectos a futuro.
Por Yosué Ayala
Universo Puan
Puan sigue la historia de Marcelo, un profesor de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires que, tras la muerte de su mentor, espera asumir la cátedra que quedó vacante.
María Alché es actriz y directora. Entre sus trabajos más destacados se encuentran su participación en La niña santa (2004), de Lucrecia Martel, y Familia sumergida (2018), su ópera prima como directora, además de Puan (2023), película que codirige junto a Benjamín Naishtat, reconocido director detrás de películas como Historia del miedo (2014), El movimiento (2015) y Rojo (2018).
Además de ser codirectores, Alché y Naishtat comparten sus vidas como compañeros y tienen dos hijos en común. Al ser consultada sobre cómo nació Puan, María recuerda que, después de realizar Familia Sumergida, quedó especialmente encantada con Marcelo Subiotto, quien tiene un papel en aquella película y aporta, según cuenta, “como una dosis de comedia”.
“Mi película se estrenó en el 2018, que era un año muy de auge del feminismo. Entonces, como que un poco me dieron ganas de…”, Alché se detiene, piensa y continúa tajante: “Había una sensación de que las mujeres tenían que dirigir películas de mujeres empoderadas o de mujeres solamente, pero yo tenía muchas ganas de hacer una película con un protagonista hombre”.
“Venía con la idea de ver un hombre en toda su torpeza, desde las cosas estúpidas de ser masculino hasta lo más profundo, no sé, como la intimidad de un varón. Y además tenía muchas ganas de trabajar con Marcelo”, comenta la directora.
Esa sensibilidad se encuentra plasmada en la cinta, donde la torpeza masculina y una mirada irónica sobre ciertos debates contemporáneos aparecen como parte del universo de la película.
Alché comenta que desde el estreno de Noelia (2012), cortometraje previo a su ópera prima, estaba deseosa de incursionar en la comedia, un género muchas veces menospreciado por ciertos sectores del cine de autor y del circuito de festivales.
“Un poco era ir en contra de todo eso. Era como una película con un varón, una comedia y, bueno, ahí apareció también el encuentro con Benjamín”, concluye.
Destruyendo el personalismo
La conexión de Naishtat con la cinta va más allá de su vínculo con Alché. El padre del cineasta pasó sus años de estudiante en la UBA, lo que hace que la participación del director en este proyecto resulte especialmente orgánica.
Al charlar sobre los desafíos de la dirección en conjunto, Naishtat comenta: “Fue un trabajo por momentos complementario, por momentos más disonante. Nos enseñaron que la dirección es algo basado en el personalismo, viste, y en la verticalidad. Y bueno, hay que desarmar un poco esas estructuras creativas y entregarse a una cuestión más colaborativa”.
“Había una vaga idea de que en el rodaje María iba a estar más con los actores, porque sabe mucho más que yo en cuanto a formación teatral y sabe trabajar con actores, pero la verdad que después fue más de todos haciendo de todo”, agrega.
Alché interrumpe y menciona: “Benjamín, que si bien no viene del mundo de los actores, es muy bueno dirigiendo actuación, como indicando los tonos de voz: esto decirlo más así, esto baja acá. Es exigente y tiene buen oído, entonces a veces también me apoyaba mucho”, comenta entre sonrisas.
La directora continúa: “Justamente, como que yo era la que sabía más, pero cuando veía que él tenía el oído para resolver esas cosas, confiaba mucho”.
La experiencia deja en claro la importancia de la confianza y el respaldo mutuo que requiere la codirección.
Volviendo sobre este punto, Alché menciona la desestructuración que significó para ella compartir la dirección: “Para mí fue muy desestructurante, en el buen sentido, porque yo venía con una idea de dirigir y era de esta forma. Como mi primera película la había hecho con muchas ideas de cómo yo creía que eran las cosas, y esas ideas las tenía que llevar a cabo tal cual las había pensado. Y la codirección te obliga a otras dinámicas, a abrirte a otras ideas, y eso a la larga es enriquecedor, es algo muy colectivo”.
“Con la directora de fotografía también pasó algo parecido. Ella participó de la puesta en escena también”, concluye Naishtat, mientras Alché escucha atentamente y asiente.
Más preguntas que mensajes
Al ser consultados sobre el mensaje que deja la cinta a sus espectadores, ambos directores piensan. Naishtat toma impulso y arranca:
“Yo no lo pondría quizás en términos de mensaje, porque cuando hablás de mensaje pienso en algo cerrado, digerido, conciso. Y la película más bien viene, deja algunas preguntas. Así lo quiero pensar: como preguntas. Sobre qué es lo importante en una sociedad, cuáles son las prioridades, cuál es el sentido histórico de un pueblo, cuál es el programa de un destino nacional. O sea, todo eso está ahí dando vueltas, no solo en Argentina sino en Latinoamérica. Algo de eso quisimos hacer con lo que pasa al final en la película. Son preguntas. El mensaje que se lleva el espectador es evidente”.
Una película abrazada por el pueblo
Tras su estreno mundial en el Festival de San Sebastián, donde obtuvo el Premio del Jurado al Mejor Guion y la Concha de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista para Marcelo Subiotto, Puan inició un amplio recorrido por festivales internacionales.
Pero el impacto en su país de origen fue tal vez el más significativo. “Lo que pasó en Argentina fue algo que yo no creía que se podía vivir con una película y tengo mucha duda de que alguna vez volvamos a vivir algo así, en ese sentido”, recuerda el director con alegría.
“Por momentos teníamos tal demanda de ver la película. La pedían al mismo tiempo por todo el país. Realmente viajamos por todo el país, proyecciones comunitarias donde nos convocaban para hablar del país y del estado de las cosas. Estuvimos en Ushuaia, no sé, en La Rioja, en todas las universidades prácticamente del país, con lo que cuesta llevar a la gente al cine en Argentina”, señala Naishtat.
“Tuvimos un momento en que había una demanda masiva de la película. No nos había pasado antes con otra película y tengo dudas de que nos vuelva a pasar. Fue una especie de situación muy particular del momento histórico del país. Fue fascinante”.
Alché se suma y comenta una chistosa anécdota que refleja el impacto popular de la cinta en su tierra natal: “Un amigo nos contó que fue a la verdulería y el verdulero estaba viendo la película en Cuevana”. Ambos se ríen y conectan miradas.
“O hay otra anécdota de unos pibes que estaban ahí tomando cerveza después de jugar al fútbol. Se pusieron a hablar de la peli, como que la peli llegó a gente que no era del ámbito. Eso fue genial”.
Entre risas, Naishtat comenta la última anécdota: “Está también el caso de una chica que nos contaron que decidió cambiar de voto. Ella iba a votar por Milei y le dijo a su profesor que había visto la película y que ya no quería votar a Milei. Pequeños milagros”, concluye el director.
Este es uno de los muchos ejemplos que reafirman el poder del séptimo arte como espacio de reflexión política y social, especialmente importante en tiempos turbulentos.
Pedro en el país
Finalizamos la entrevista charlando sobre los proyectos venideros en la carrera de esta pareja de directores, que planea seguir trabajando en conjunto.
Naishtat sonríe: “Tengo una primicia para vos. Estamos en vísperas de estrenar una película que hicimos juntos. Es un documental, se llama Pedro en el país, que se va a estrenar en San Sebastián en septiembre. Todavía no fue publicado nada sobre esto y luego en Argentina, en el Festival de la UBA, también en Córdoba y en algunos otros lugares que estamos todavía programando. Esperamos traer la peli a Paraguay también”.
“Lo producimos nosotros mismos. Es sobre la historia de John William Cooke y su compañera Alicia Eguren y el hijo de ambos. Ellos eran parte de una familia revolucionaria”.
Epílogo
Como cineasta y joven admirador de la carrera de María Alché y Benjamín Naishtat siendo La niña santa, una de mis películas favoritas, disfruté especialmente la posibilidad de realizar esta entrevista. Pero fue la sensación que me dejó la película después de la función lo que terminó resultando más interesante.
Puan plantea un drama cíclico y vigente en la historia argentina. Cada cuatro años, con cada cambio de gobierno, la educación, la salud, el bienestar del pueblo y los derechos conquistados vuelven a ponerse en tela de juicio. Un círculo vicioso que parece no tener fin y que siempre termina lastimando a los mismos.
Quizás por eso la película no busca ofrecer respuestas, sino dejar preguntas. Y entre ellas queda una que atraviesa tanto a Puan como a nuestra propia realidad:
¿Cuándo vamos a aprender de nuestros errores como sociedad?







