El Chaco como testigo: 18 años detrás del documental “Los últimos”

El pasado 1 de agosto arrancó en Cine de Barrio “Fragmentos”, un ciclo de documentales nacionales que configuran distintos modos de habitar el Paraguay. Entre los filmes elegidos se encuentra Los Últimos (2023), dirigido por Sebastián Peña Escobar. Sintonía charló en exclusiva con el realizador para conocer los detalles de un proyecto que se convirtió en el trabajo de una vida.

Por Yosué Ayala

Un territorio transformado

El ciclo, compuesto por seis películas, propone seis miradas sobre la memoria, la naturaleza, la identidad y la música del Paraguay. En este espacio ya se proyectaron las cintas: Donde vive la memoria (2026), de Leticia Galeano; Paraguay fue noticia (2007), de Ricardo Álvarez; y, más recientemente, Los Últimos.

Esta última película propone un viaje al Chaco que invita a reflexionar sobre la crisis ambiental, la deforestación y el comportamiento humano frente a la transformación del territorio.

En palabras de su realizador, la cinta no denuncia verbalmente la deforestación: “Simplemente la deja habitar el cuadro, los personajes discuten, se contradicen, dudan; el territorio, mientras tanto, responde con su propia evidencia”.

“En Paraguay y en el mundo, la naturaleza se celebra como emblema, como discurso, como campaña de marketing, como gesto políticamente correcto, pero en la cotidianidad de los hechos nos la despachamos a diario”, responde Peña al ser consultado sobre la contradicción entre la “valoración” de la naturaleza y el mantenimiento de prácticas que impulsan la deforestación en el país.

“Es una contradicción cómoda: permite estar infatuado con lo sublime del paisaje sin arriesgarse a pensar en algo más concreto para defenderlo”, concluye tajantemente el director.

El trabajo de una vida

El proyecto arrancó como una película sobre bosques en extinción, pero terminó convirtiéndose en el trabajo de 18 años, durante los cuales el Chaco se volvió parte de la cotidianidad del director.

“Filmar durante casi dieciocho años significa volver. Y volver es un instrumento de medición tan contundente como desgarrador: el mismo camino, la misma coordenada, otro paisaje”, señala Peña al ser consultado sobre los cambios en el paisaje chaqueño con el paso de los años.

“Lo que en un viaje parecía un evento particular, diez años después era un patrón, una forma de comportamiento. Eso es lo que más me marcó: entender que no estábamos registrando solo un lugar, sino su proceso de desaparición y la huella de un rasgo humano”, concluye pensativo.

Peña también menciona cómo el humo cobra otro significado en suelo chaqueño. En el Chaco, ya no está solamente asociado a una estación o a una época del año, sino que se convierte en una condición.

El impacto del cine documental

“El dato informa, mientras que la imagen implica, compele, conmueve, molesta, empatiza. Una estadística sobre deforestación se lee y se olvida en el acto; un bosque en pantalla, con su tiempo, su sonido, su escala, obliga a estar ahí”.

Al ser consultado sobre el aporte del cine documental a esta problemática, el director señala que el documental puede hacer algo que un simple informe no: fijar el momento y forzar la conciencia de lo observado.

“Además, una película puede albergar contradicción, duda y desacuerdo; los gráficos o las planillas tienden a ser menos versátiles”, señala.

Sobre la influencia de su cinta en la discusión pública acerca de la conservación del ambiente, Peña señala que no cree en el cine como instrumento de política pública inmediata, sino que prefiere pensarlo como un elemento que interviene en el imaginario:

“Incorpora imágenes, preguntas y palabras a una conversación que después toma sus propios caminos. Su aporte es lento y difuso, y por eso mismo podría llegar a ser duradero. La película tal vez no cambie una ley; podría cambiar, quizás, lo que alguien es capaz de imaginar”.

Tras dedicar una vida a este proyecto, Peña señala que aprendió a desconfiar de las certezas ambientales fáciles, tanto de las apocalípticas como de las optimistas:

“Aprendí que el territorio no es mero escenario: es un interlocutor que interpela. Una presencia primigenia que a veces contesta en décadas, en siglos, o que calla de un mes a otro. Después de eso ya no se puede pensar en el Chaco de la misma manera”, concluye poéticamente el cineasta.

Sobre “Fragmentos”

El ciclo continúa este sábado 15 de agosto con la proyección de Cuchillo de Palo - 108 (2010), de Renate Costa. La jornada arrancará a las 15:00 h con el estudio de caso, de la mano de Alex Vázquez, para concluir con la proyección de la mencionada cinta a las 17:00 h.

El ciclo continuará durante todo el mes de agosto con las siguientes proyecciones:

Sobrevive la Música (2023), de Luis Bogado — sábado 22 de agosto.

Alrededor del Paraíso (2026), de Yulia Lokschina — sábado 29 de agosto.

La invitación es para todas las funciones, que comenzarán a las 15:00 h con el estudio de caso y continuarán con la proyección a las 17:00 h, en Defensa Nacional 737, Las Mercedes, Asunción. La entrada es libre y gratuita hasta llenar aforo.

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