Backrooms, el terror a través de los espacios
Kane Parsons salta a la pantalla grande con Backrooms: Sin salida, su ópera prima producida por A24 y respaldada por Osgood Perkins, director de Longlegs (2024), y el reconocido James Wan. Con este proyecto, Parsons se convierte en el director más joven en ser contratado por A24.
Por Yosué Ayala
¿Qué son los Backrooms?
Todo empieza en 2019. La imagen de una oficina con paredes amarillas y luces fluorescentes genera malestar en internet con solo verla. Ahí nace un nuevo concepto: el terror a través de los espacios.
Los Backrooms se convierten en una construcción colectiva que crece sin límites. Un joven youtuber conocido como Kane Parsons, siguiendo las tendencias de internet, lanza en 2022 The Backrooms (Found Footage), una serie de cortometrajes publicada en YouTube.
Este material llama la atención de A24, que le brinda los recursos para realizar un filme basado en el ya popular universo de los Backrooms.
Si bien la cinta está pensada para quienes ya conocen estos espacios, el guion logra que la historia sea comprensible sin necesidad de ser un experto en los Backrooms. A la par, resulta disfrutable para quienes ya conocen su mitología.
De YouTube a Hollywood
La cinta está protagonizada por Renate Reinsve, actriz noruega que recientemente cobra relevancia internacional por su trabajo en Valor Sentimental (2025), de Joachim Trier, y Chiwetel Ejiofor, actor de cintas como 12 años de esclavitud (2013), de Steve McQueen, entre otros trabajos.
Ambos brindan sólidas actuaciones, siendo Reinsve quien cuenta con un personaje de mayor desarrollo narrativo. Si bien la cinta por momentos peca de predecible, la dirección de Parsons logra capturar la atención del espectador con una puesta en escena arriesgada, mientras que el montaje se convierte en otro de sus puntos fuertes.
Ambientada en la década de los noventa, la cinta sigue a Clark, interpretado por Ejiofor, dueño de una tienda de muebles que atraviesa una profunda crisis matrimonial. Todo cambia cuando descubre una entrada a los Backrooms, un espacio infinito de pasillos que pone a prueba su cordura.
Por otro lado, Mary, interpretada por Reinsve y psicóloga de Clark, debe navegar entre la racionalidad y la objetividad mientras lidia, de igual manera, con sus propios demonios.
El diseño de producción logra sumergir efectivamente al espectador en los Backrooms, brindando ese toque perverso que marca la diferencia. Este laberinto interminable funciona además como una representación simbólica del inconsciente.
También es importante destacar la dirección de fotografía, que emula una textura analógica y dota a la cinta de una identidad visual muy interesante.
Otro factor destacable es la capacidad de generar incomodidad a partir de los espacios. Evidentemente, Parsons logra captar la esencia de los Backrooms y trasladarla a la pantalla. Un simple espacio vacío y excesivamente iluminado consigue perturbar sin necesidad de recurrir al ya desgastado jumpscare.
La secuencia final brinda una sensación de extrañeza y, a la vez, de confusión. La ópera prima de Parsons deja muchas preguntas sin responder, algo que resulta coherente con la esencia misma de los Backrooms: un universo que aún parece tener mucho por explorar, no solo por los usuarios de internet, sino también por los cinéfilos en futuras entregas.
Un debut sólido
Los creepypastas dominan internet desde hace décadas y el desembarco de youtubers al cine es algo que no pasa desapercibido desde el estreno de Háblame (2023), de Michael Philippou y Danny Philippou, o la más reciente Obsesión (2026), de Curry Barker.
Parsons firma un debut sólido y demuestra que los creepypastas nacidos en internet pueden adaptarse correctamente a la gran pantalla sin perder su esencia. Más importante aún, entiende que el miedo no siempre proviene de criaturas aterradoras o amenazas visibles.
En Backrooms: Sin salida, un pasillo vacío, una oficina interminable o una habitación excesivamente iluminada son suficientes para generar inquietud. De esa manera, el director no solo traslada un fenómeno de internet al cine, sino que confirma que los espacios también pueden convertirse en protagonistas del terror.