El diablo viste a la moda 2, de chick flick a drama empresarial

El diablo viste a la moda 2 reúne nuevamente a Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci y Emily Blunt bajo la dirección de David Frankel. Una secuela que tardó 20 años en llegar y que, alejándose de su contraparte literaria, La venganza viste de Prada (2013) de Lauren Weisberger, continúa la trama planteada en la primera entrega de la franquicia.

Por Yosué Ayala

Una premisa prometedora

Casi dos décadas después, Miranda Priestly (Streep) enfrenta una industria en decadencia, mientras Andy Sachs (Hathaway), tras una exitosa carrera periodística, se encuentra nuevamente en busca de empleo.

Runway ya no dicta las reglas del juego. Una crisis de relaciones públicas afecta a la revista, provocando que Irv Ravitz (Tibor Feldman) sea influenciado por su hijo Jay Ravitz (B. J. Novak) y termine contratando a Andy Sachs como la nueva editora de especiales de Runway, siendo ella la única capaz de sacar a la revista del pozo en el que se encuentra.

Con este planteamiento, la cinta hace pensar que los roles se invertirán: la antigua empleada regresará para convertirse en jefa. Sin embargo, eso nunca ocurre. Miranda continúa teniendo el control, lo que provoca que la dinámica se sienta repetida.

La primera mitad de la película funciona casi como una repetición de la original, rozando por momentos lo tedioso, aunque logra sostenerse gracias al carisma de su elenco.

Streep y Hathaway brindan buenas actuaciones. Streep presenta una versión más diluida de su interpretación de 2006, aunque no por falta de esfuerzo, sino porque el guion así lo requiere. Los tiempos cambiaron: Miranda sigue teniendo poder, pero su medio está agonizando, lo que inevitablemente afecta su influencia. Muchos de los malos tratos vistos en la primera película hoy no serían tolerados, y la propia cinta se burla de ello en varias ocasiones.

Por otro lado, la gran ganadora en lo actoral es Blunt, quien vuelve a dar vida a Emily Charlton. Aunque su tiempo en pantalla es limitado, cada intervención irradia un carisma hipnótico y demuestra la evolución del personaje.

La clara referencia a Lauren Sánchez y su marido Jeff Bezos resulta divertida y, al mismo tiempo, profética. Basta con googlear sus nombres, leer las noticias actuales y observar cómo buscan abrirse paso en el mundo de la moda con su dinero. Una vez más, la realidad supera a la ficción.

Tucci vuelve a brillar como Nigel. Su participación también es limitada, pero clave dentro de la trama. Resulta satisfactorio ver cómo finalmente el karma juega a su favor.

Crisis, chick flicks y la IA

A partir del segundo acto, la cinta comienza a construir una identidad propia. Deja de intentar replicar la esencia chick flick de la original, aquellas películas comerciales dirigidas principalmente al “público femenino” y extremadamente populares durante los 2000, para transformarse en un drama empresarial.

Así como la primera entrega era un producto de su época, esta secuela plasma de forma acertada la incertidumbre laboral, la crisis en los medios tradicionales, las fusiones empresariales y la amenaza creciente de la inteligencia artificial; temas interesantes que, si bien están presentes, no terminan de desarrollarse del todo.

El diablo viste de streaming

En el apartado técnico, la película cumple, aunque la comparación con su antecesora es inevitable. Más allá del carisma salvador de su elenco, por momentos la secuela se siente como una producción destinada directamente al streaming, principalmente debido a una fotografía demasiado plana.

La cinta está repleta de homenajes, tanto narrativos como técnicos, a la película original, aportando pocas novedades reales a su universo cinematográfico. Aun así, gracias a su elenco y a una premisa desaprovechada pero interesante, logra cumplir con su cometido.

Otro de sus puntos débiles es Peter, personaje interpretado por Patrick Brammall, quien funciona como el nuevo interés amoroso de Andy. Nada personal contra el personaje, pero su vínculo con Hathaway no aporta absolutamente nada a la historia y termina sintiéndose como un agregado innecesario.

En cuanto al diseño de producción, la película cumple con creces. El vestuario vuelve a ser uno de los grandes atractivos: cada elección refleja un evidente ojo clínico que busca perpetuar el estatus icónico de la franquicia.

¿Supera a la primera?

El diablo viste a la moda 2, es una secuela disfrutable y coherente con su antecesora. La pregunta inevitable es: ¿supera a la primera? No. Pero funciona como una película apta para todo público, una cinta que cualquiera puede disfrutar y que demuestra que el cine comercial todavía puede abordar problemáticas actuales sin perder su carácter de entretenimiento pochoclero.

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