“Cumbres Borrascosas”, entre comillas

Emerald Fennell, directora de la aclamada Una joven prometedora (2020) y de la polémica Saltburn (2023), da el siguiente paso en su carrera al escribir, dirigir y producir “Cumbres Borrascosas”. Margot Robbie se suma como protagonista y productora, acompañada por Jacob Elordi como su coprotagonista. 

Por Yosué Ayala

Una historia con 200 años de antigüedad

Antes de hablar de la cinta de Fennell, es necesario viajar 200 años atrás. En 1847, Emily Brontë bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell publicaba Cumbres Borrascosas, su primera y única novela.

El libro narra el vínculo tóxico entre Catherine Earnshaw, una joven aristócrata caída en desgracia, y Heathcliff, un joven gitano rencoroso y vengativo, marcado por el maltrato y la exclusión. La novela funciona también como una crítica a las jerarquías sociales que determinan quiénes merecen ser amados y quiénes no.

La obra ha tenido múltiples adaptaciones cinematográficas, además de versiones para el público latino y asiático. Sin embargo, esta nueva interpretación de Fennell propone una mirada completamente moderna y autoral.

El factor Saltburn

Habiendo visto previamente Saltburn (2023), resulta inevitable pensar en ese filme como una suerte de ensayo previo. Tanto aquella cinta como “Cumbres Borrascosas” abordan la obsesión, la lucha de clases, los celos y la venganza, ambas con la producción de Robbie y la presencia estelar de Elordi.

Así que, si no conectaste con la película de 2023, esta reinterpretación del clásico literario probablemente tampoco sea de tu agrado.

Catherine y Heathcliff: un amor tóxico

La química entre Elordi y Robbie es palpable. Representan una mezcla desproporcionada de pasión y lujuria que desencadena una explosión hormonal en cada escena compartida.

La película privilegia el erotismo y la fantasía por encima de las escenas explícitas. Una decisión acertada, ya que la cinta es, en esencia, un gran sueño húmedo.

Ambos actores ofrecen actuaciones sólidas, aunque por momentos sus personajes se sienten desdibujados. El deseo, el drama, el amor tóxico y el clasismo están presentes, pero no siempre se profundizan.

El personaje de Elordi es quizás el más desaprovechado; explorar más esa maldad contenida hubiera resultado interesante. Aun así, el actor australiano cumple con solvencia. Solo queda esperar a que no quede encasillado en los roles de “chico malo”, como ha ocurrido en los últimos años con la excepción de Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro.

Una versión libre y atrevida

La puesta en escena es abiertamente teatral. Tanto el diseño de producción como la fotografía poseen esa exageración propia del escenario. Por momentos, la cinta incluso evoca a un comercial de perfumes: desconcierta al inicio, pero una vez asimilado, se convierte en un deleite visual que te sumerge en el relato.

Otro punto a destacar es la relación de aspecto 4:3, que Fennell vuelve a utilizar. Este formato genera una sensación voyeurista, especialmente en las escenas más íntimas.

La banda sonora, al igual que el diseño de producción, es anacrónica. Refuerza lo que la propia Fennell ha señalado: esta no es una adaptación literal de Cumbres Borrascosas de ahí las comillas en el título, sino la versión que ella imaginó al leer la novela en su adolescencia.

También llaman la atención ciertos planos vistos en los promocionales que no llegaron al corte final. Quizás sea una decisión acertada, considerando que la película ya alcanza las 2 horas con 16 minutos. Su secuencia final, sin embargo, es un auténtico deleite visual: una atmósfera gótica pop que sintetiza la mezcla de estilos presentes a lo largo de toda la obra.

Un homenaje cinematográfico

“Cumbres Borrascosas” es el homenaje de Fennell a su yo adolescente, a la forma en que a ella le hubiera gustado que la historia concluyera. Con su sello autoral impregnando cada plano, la directora británica nos entrega una fantasía intensa sobre una relación tóxica y sus consecuencias.

Eso sí: cuidado con romantizar el accionar de estos personajes. Son figuras que encarnan las consecuencias oscuras de la obsesión, el clasismo, el racismo y el amor tóxico.

Siguiente
Siguiente

The Drama: ¿existe el amor incondicional?