Narciso: Una gran radiografía de un Paraguay hipócrita
Marcelo Martinessi, director del aclamado filme Las Herederas (2018), presenta una nueva radiografía de la sociedad paraguaya: un drama policial que explora la doble moral, la discriminación y el deseo reprimido. Ambientada a finales de los años 50, la cinta se siente tristemente contemporánea, recordándonos que las heridas infligidas a los llamados “amorales” aún permanecen abiertas.
Por Yosué Ayala
La “Asunción” de Narciso
La película nos sitúa en uno de los períodos más oscuros de la historia paraguaya, la dictadura de Alfredo Stroessner. En este contexto emerge Narciso, un joven de carisma magnético que introduce el rock and roll en la radio nacional, despertando inquietudes y tensiones en una sociedad marcada por la represión.
La actuación de Diro Romero resulta seductora e hipnótica. Su interpretación logra capturar los matices de un personaje que cree tener el control, pero termina siendo víctima de su propio encanto. Romero guía al espectador en un viaje de descubrimiento tan íntimo como inquietante.
A lo largo del relato, los personajes reprimen sus deseos, y esa represión se traduce en un incendio tanto literal como simbólico. La película expone con claridad lo peligroso que puede ser negar lo que uno es. Sin embargo, Martinessi va más allá: señala a la doble moral como un mal aún más corrosivo, una conducta que sigue vigente y continúa causando estragos.
El filme cuenta con un elenco sólido que no decepciona. Destacan las interpretaciones de Manuel Cuenca como Lulú, Margarita Irún como Goya, Nahuel Pérez Biscayart como Mr. Wesson y Arturo Fleitas como Drácula. Este último ofrece uno de los momentos más memorables hacia el final de la película, dejando al espectador con ganas de más.
En el apartado técnico, la dirección de arte destaca por su precisión milimétrica, reconstruyendo una época marcada por las “buenas costumbres” y la hipocresía social. Esta decisión estética se ve reforzada por una cuidada dirección de fotografía, que construye una atmósfera envolvente y cargada de tensión.
La banda sonora acompaña con eficacia la progresión dramática, envolviendo al espectador hasta dejarlo sin aliento. En cuanto al apartado musical, el uso del rock and roll no sólo contextualiza la época, sino que transmite su carácter disruptivo, ayudando a entender el impacto que este género tuvo en una sociedad conservadora.
La evolución narrativa de Martinessi es evidente. Desde un guion sólido, escrito por él mismo, hasta una puesta en escena que oscila entre lo sensual y lo pictórico, el director demuestra una madurez cinematográfica notable. Sus planos, cargados de deseo y belleza, evidencian su capacidad para moverse entre lo provocador y lo emocional.
Un pasado aún vigente
El deseo atraviesa toda la película. Narciso funciona como un fruto prohibido que irrumpe en el aparente orden social, no para destruirlo, sino para evidenciar su hipocresía.
Martinessi construye un policial negro que retrata una de las persecuciones más crueles hacia la comunidad LGBT en Paraguay. En ese sentido, la película se convierte en una crítica tanto al pasado como al presente, es imposible no reconocer cuánto de esa realidad sigue vigente en la actualidad.
A ocho años de su ópera prima, Martinessi se consolida como una de las voces más importantes del cine queer en la región. Narciso es un filme sólido, provocador y necesario para la historia del cine paraguayo.
Más que una película, funciona como un recordatorio: la lucha por los derechos y la visibilidad continúa. Porque, en última instancia, Narciso deja una idea clara, incómoda, pero potente: Narciso somos todos.