Kchiporros en España: el sentimiento Albirrojo en la música paraguaya

A veinte años de su inicio, la icónica agrupación no deja de demostrar la fortaleza de su identidad cultural.

Por Lara Altamirano Gini

Cualquier español ingresando al recinto podría haber asumido que, por unos segundos, había salido de su país para poner pie en territorio paraguayo. Durante la espera para el concierto, el público parecía prepararse para alentar a su selección nacional en la disputa de alguna competición de renombre. Algunos tenían puesta la camiseta de la Albirroja, otros llevaban en sus manos la bandera paraguaya y en el ambiente se percibían palabras típicas de nuestro guaraní y jopara.

En el segundo piso de la estación de trenes Chamartín en Madrid está la sala de conciertos, que el jueves 28 de mayo, esperaba recibir a los Kchiporros. La energía latía en la audiencia mucho antes de que ellos se presentaran. Las personas entraban con sus mejores sonrisas, como si ya supieran la fiesta que se tenía preparada. El público provenía mayoritariamente de Paraguay y estaba formado por familias, amigos y parejas que se caracterizaban por su diversidad.

Entre los que iban llegando al evento, habían muchas personas que veían por segunda o tercera vez a la banda estando en España. Por ejemplo, Liliana, que vive en Madrid hace 18 años, conoció a la agrupación cuando empezaban en Asunción e iba a verlos cuando tocaban en Faces. “Para los que vivimos fuera, es una alegría volver a verlos después de tantos años y sentirnos un poco más cerca de Paraguay.” También, Sandra, que vive en Murcia hace 3 años y viajó para verlos por segunda vez. Ella era una de las que vestían la camiseta Albirroja. “Me gustan todas sus canciones y me emociona más por todo el tema de la selección. Es como que ellos [los Kchiporros] ya nos representan como paraguayos.” Similarmente, Tobías, quien vive hace 4 años en la capital, expresaba “son mi grupo favorito. Creo que actualmente es la banda paraguaya que más lejos está llegando.”

Delirio Kururu, la banda liderada por la paraguaya Teresita Maciel, inició la previa del concierto con una fusión de cumbia psicodélica y ritmos latinos que plantó interés en los oyentes. Luego, los primeros acordes de La Lamparita hicieron que el público estallara en saltos y gritos con la entrada de los Kchiporros al escenario.

La gente bailó desde el minuto uno y un ambiente eufórico se mantuvo durante todo el show. Aun así, algo que hizo a la noche realmente inolvidable fue la cantidad de artistas invitados que lograron situar en un mismo escenario. Coincidentemente, esa misma semana varios intérpretes compatriotas viajaron a dar shows en Madrid, y la banda no solo compartió su escenario, sino que también lo convirtió en una plataforma donde la música paraguaya esparció su mensaje e identidad.

Uno de esos invitados fueron los Purahéi Soul, quienes entonaron el himno nacional durante la inauguración de la copa del mundo. Cantaron en dúo su hit Desapego y antes de bajar del escenario, sorprendieron con su versión de Recuerdo de Ypacaraí. Junto a la melodía del arpa de Diego Vera, las voces de Teresita y Anneli, además de una pareja de bailarines paraguayos, regalaron un momento único y emotivo que dejó a todos los espectadores con lágrimas en los ojos.

El invitado que siguió fue Altamirano, cantautor y ex-vocalista de Revolber. Acompañado por los Kchiporros interpretó Huye Hermano, su popular canción de la película 7 Cajas y siguió con 7 hermanos y un misil que encendió el pogo de la noche. El público de todas las edades saltaba, cantaba y reía entre hermanos y amigos.

Cuando la audiencia empezaba a calmarse luego del subidón de emociones, las emblemáticas trompetas de Ruta 1 y Ruta 2 elevaron al público al siguiente nivel de energía y euforia. Desde el fondo, se podía ver a la gente agitando a sus amigos, a chicas cantando desde los hombros de su acompañante y banderas paraguayas lanzadas por el aire. Las voces del público se escuchaban, por momentos, casi al mismo volumen que la de los parlantes. El show finalizó con la icónica canción que no falta en una fiesta paraguaya, Noche de Soltero. Cuando las luces se atenuaron y la música cesó, el público siguió pidiendo más. En medio del éxtasis propio a la previa de un mundial, el canto unísono de “¡Dale dale dale la albirroja!” inundó el salón.

La cultura paraguaya no se cansa de demostrar que, por más de provenir de un país geográficamente pequeño, se extiende más allá de sus fronteras. Se hace escuchar en escenarios internacionales y no pasa desapercibida. Bandas como Kchiporros, que se mantienen fiel a su identidad paraguaya mientras buscan ser reconocidos en tierras extranjeras, son la latente prueba de que no es necesario moldear la cultura paraguaya para hacerla digerible ante públicos internacionales.

Hoy más que antes, el paraguayo busca alentar a la Albirroja, no solo porque el ámbito futbolístico lo demuestre, sino porque crecientemente procura distintas formas de arraigarse a ese blanco y rojo que lo hacen sentirse parte de algo más grande.

No se trata solo de algo deportivo, es un despertar que se vislumbra en cada aspecto que nos rodea. Los paraguayos buscan identificarse con aquello que siempre los acompañó y tal vez nunca les enseñaron a abrazarlo. Hoy es hora de seguir apostando con fuerza por lo nuestro. En cada aspecto, en cada formato, es el momento de sumarnos a nuestra propia ola.

Fotografías gentileza de Julián Lona (@lonajulian).

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