Nuevas formas de habitar la historia: Desierto Drive y PXNDX Vive llegan a Paraguay
En una misma noche, dos proyectos vinculados a una de las bandas más influyentes del rock en español dialogan desde lugares distintos: uno hacia adelante, en clave de búsqueda e identidad propia; el otro, hacia atrás y hacia el presente, como relectura de un repertorio que sigue en circulación. La llegada de Desierto Drive y del proyecto PXNDX Vive, encabezado por Jorge “Kross” Vázquez propone, así, una doble experiencia en la que conviven exploración y memoria, atravesadas por una misma pregunta: qué hacer hoy con una historia que marcó a generaciones.
Por Mavi Martínez
El próximo domingo 3 de mayo, en Asunción, ambos proyectos compartirán escenario en un show que reunirá a integrantes actuales y pasados de PXNDX, pero desde enfoques distintos. Por un lado, Desierto Drive —integrado por Ricardo Treviño, Kross Vázquez y Arturo Arredondo— presenta un repertorio que se distancia de su pasado para construir una identidad propia dentro del rock alternativo. Por otro, el disco “Viva PXNDX Vol. 1” funciona como una relectura del catálogo de la banda, reinterpretado por una nueva generación de artistas.
Lejos de plantearse como una simple continuidad, ambos proyectos parecen responder a inquietudes distintas que surgen con el paso del tiempo. En el caso de Desierto Drive, la búsqueda aparece vinculada a la necesidad de crear sin las estructuras que impone una trayectoria consolidada. Arturo Arredondo lo explica desde el origen mismo de la banda, recordando un inicio sin grandes planes ni presiones: “Empezamos esta banda en 2018 y fue algo lúdico. Nos juntamos para sacar una canción que yo tenía como hobby, hicimos click y nos empezó a gustar el sonido que estábamos creando. Salieron tres, cuatro canciones y dijimos: hay que hacer un disco”.
Ese punto de partida permitió explorar sin condicionamientos, pero también implicó enfrentarse a una identidad previa muy fuerte. “Claro que fue un reto —reconoce—, porque el sonido de cada uno está muy marcado. Cuando escuchas la batería o el bajo, sabes quiénes son. Entonces sí tuvimos que trazar una línea, hacer un punto aparte”. En ese proceso, el primer material funcionó como una especie de laboratorio: “Fue como tirar un tutti frutti de canciones a la pared para ver qué nos gustaba más y con qué nos sentíamos cómodos”. Con el tiempo, esa búsqueda empezó a ordenarse. “Hoy el disco ya se siente más sólido, más como una identidad de banda, no tanto de nosotros por separado”.
Ese desplazamiento también implicó un cambio en la forma de entender el trabajo musical. Mientras que en etapas anteriores la dinámica estaba atravesada por estructuras más rígidas, hoy la lógica es otra. “En Panda decidimos en algún punto que eso iba a ser nuestro trabajo. Y cuando es un trabajo, hay limitantes, hay roles definidos”, explica Arredondo. Frente a eso, Desierto Drive aparece como una alternativa: “Esto es más un experimento. Es una oportunidad de quitarnos ese control. Lo hacemos meramente por gusto y eso nos tiene muy felices”.
Esa libertad impacta directamente en la composición. Las canciones ya no responden a una lógica externa, sino a lo que atraviesa a sus integrantes en el presente. “Inevitablemente los años pasan, vives otras cosas y escribes desde ahí”, señala. A eso se suma una apertura a nuevas influencias y recursos: “Escuchamos mucha música nueva y eso te da herramientas. Incluso usamos cosas que antes no hubiéramos usado. Por ejemplo, de repente meter autotune como un elemento de producción. No estamos en contra de eso, todo es parte del experimento”.
La banda tampoco define un público específico. “Cualquier persona se puede identificar con las canciones”, dice Kross Vázquez, marcando una intención de apertura que atraviesa el proyecto. Esa idea se refuerza en el vivo, donde la relación con el escenario también cambió. Arredondo lo describe desde una experiencia personal: “Yo toda la vida sufrí ansiedad en el escenario. Nunca me gustó pisarlo, lo aprendí porque era trabajo. Pero ahora me siento mucho más relajado. No sé qué cambió, pero cambió algo”. Esa transformación modifica la lógica del show: “Si van dos personas o treinta mil, es lo mismo. Nos lo vamos a pasar muy bien”.
Vázquez, por su parte, habla de una emoción que se mantiene constante, aunque resignificada: “Siempre hay nervios, pero no es tanto nervio, es emoción. Es como estar en la fila de una montaña rusa. Esa adrenalina es lo que lo hace divertido”. Y agrega un elemento central del vivo: la imprevisibilidad. “Puede pasar cualquier cosa, puedes equivocarte, puede fallar algo, pero eso es parte de lo que hace interesante ver una banda en vivo”.
Esa experiencia se completa con la conexión con el público, que hoy ocupa un lugar más central en la percepción de la banda. “Cuando haces una canción, quieres embotellar una emoción”, explica Arredondo. “Y en vivo lo que buscamos es eso: que la gente se pierda un rato, que se olvide de sus problemas, que conecte con ese sentimiento. Últimamente sentimos que logramos más esa conexión, y eso es algo que extrañábamos”.
En paralelo, el proyecto “Viva PXNDX Vol. 1” se sitúa en otro plano, pero con una lógica que también apunta al presente. Impulsado por Kross Vázquez, propone una relectura del repertorio de Panda a través de nuevas voces. “Está bien raro, es como una máquina del tiempo”, dice. “Cada vez que toco las canciones, siento que estoy ahí todavía”.
Sin embargo, la experiencia no se limita a revivir el pasado. Uno de los ejes centrales es el cruce generacional. “Lo que está muy padre es que las canciones han sabido llegarle a gente más chica”, señala. “Hay quienes nunca alcanzaron a ver a Panda en vivo, y esto es una oportunidad de ver más o menos cómo era esa energía”.
La elección de los artistas responde a esa misma lógica. “Muchos me dijeron: ‘yo aprendí a tocar con las canciones de Panda’”, cuenta Vázquez. Esa relación previa con el repertorio le da al proyecto una dimensión distinta, donde la reinterpretación surge desde la experiencia personal de quienes participan. “Eso está muy chido, porque significa que las canciones siguen trascendiendo”.
Al mismo tiempo, el proyecto funciona como una plataforma para nuevas escenas. “La idea también es abrirle la puerta a bandas nuevas, que la gente las conozca, y al mismo tiempo que la música siga llegando a gente nueva”, explica. Ese circuito se retroalimenta, generando nuevas formas de circulación para un repertorio ya instalado.
Vázquez ilustra ese proceso con una experiencia cercana: “Tengo una sobrina de 12 años que decía que Panda era de otra época, que no escuchaba eso. Pero con este disco empezó a conocer las canciones, porque le suenan más actuales”. Esa actualización no implica una transformación radical, sino una recontextualización que permite que el material dialogue con nuevas sensibilidades.
En ese sentido, el proyecto se aleja de una idea estrictamente nostálgica para posicionarse como un puente entre generaciones. Las canciones no permanecen intactas, sino que se activan a través de nuevas interpretaciones y nuevos públicos. “Que la música le llegue a la mayor cantidad de gente posible”, resume Vázquez.
Esa mirada se conecta también con una concepción más amplia del rock y del punk como actitud. “Siempre he hecho lo que he querido”, afirma. “En todos lados te van a criticar, pero si eres feliz haciendo lo que te gusta, eso es lo importante”. Y lo sintetiza en una frase que condensa esa filosofía: “Si eres feliz haciendo lo que te gusta, pues que se joda el mundo”.
En conjunto, la propuesta que llegará a Asunción no se limita a revisitar una historia ni a inaugurar otra, sino que pone en juego ambas dimensiones al mismo tiempo. Entre la exploración de Desierto Drive y la relectura de “Viva PXNDX”, lo que emerge es una misma tensión productiva: cómo seguir creando después de haber marcado una época y cómo permitir que esas canciones sigan encontrando nuevos sentidos en el presente, sin quedar detenidas en el tiempo.