Frecuencias de otro mundo en un mapa musical sin límites

La tercera jornada de Asunciónico fue una invitación a la bella deriva. Lejos de las estructuras rígidas, el festival se transformó en un terreno fértil para el cruce de géneros, donde las bandas nacionales operaron como guías en una expedición sonora que fue de lo introspectivo a lo clásico. Fue el día de la libertad, algo que confirmó cerca del inicio A Días de Júpiter, con su habitar el escenario cual laboratorio vivo de emociones.

Texto de Mavi Martínez

Fotos de Renata Vargas y Kevin Cabrera

Nott Demian: Sombras bajo el cenit

Abrir un escenario bajo un sol que castiga es un desafío para cualquier espíritu, pero Nott Demian lo convirtió en arte. El grupo desafió la lógica térmica con las texturas densas y la sensibilidad introspectiva de Claroscuro, su álbum debut. Fue un contraste hipnótico: mientras el calor aplastaba, temas como “Deshielo” y “Valkiria” creaban una atmósfera de neblina sonora. La aparición de Sari Carri en “¿Dónde estás?” aportó el equilibrio perfecto entre lo denso y lo delicado, atrapando a los primeros valientes en una red de sonidos que se sentían como un refugio en medio del incendio.

A Días de Júpiter: Frecuencias de otro mundo

El viaje espacial continuó con A Días de Júpiter, el proyecto liderado por Diego Zarza, que aterrizó con temas de su EP Juno y de su álbum Ganímedes FM. Si el rock tiene una vertiente onírica en Paraguay, esta banda es una gran exponente. A través de sintetizadores envolventes y guitarras que parecen flotar, el grupo propuso un recorrido que desdibujó cualquier frontera impuesta. La inclusión de invitados —el dúo Sandía en la lisergia de “Melonauta” y la argentina Luli Maidana en la melancolía de “El tiempo de los dos”— transformó el set en una experiencia colectiva, logrando que el público olvidara la temperatura para perderse en la frecuencia Júpiter.

Supernova: El corazón de Villarrica

Supernova trajo una dosis de vitalidad pop-rock. Su set fue un ejercicio de generosidad escénica, una dinámica de puertas abiertas donde el escenario se convirtió en un desfile de talento nacional. La energía se disparó con Mauri Rodas sumándose en “Verte bailar”, seguida por la atmósfera de “Invierno” junto a Seba Elizeche. La sensibilidad afloró cuando Belén Pinto prestó su voz para “Cuando no estás”, creando uno de los momentos más íntimos del set. El desfile de aliados continuó con Paty Latorre en la melódica “Un viaje de regreso” y Cristian Silva aportando su impronta en “Lejos de aquí”. Para cerrar, la banda hizo una reverencia a los grandes del rock con una versión de “Don’t Let Me Down”, subrayando que su música habla un lenguaje universal que conecta el presente con el legado de las leyendas.

Los Ollies: Himnos de cercanía

Con la caída de la tarde, cuando el cielo empezaba a ceder sus colores, Los Ollies tomaron el mando para inyectar una carga emotiva de indie rock. Hay algo en la música de este grupo que se siente cercano, como una conversación entre amistades en una noche larga. Navegaron por la urgencia de las canciones de su álbum debut “En el medio del desorden” y la nostalgia juvenil de sus primeros sencillos. La colaboración con Sabb en el escenario fue el broche de oro para una jornada marcada por la colaboración: un recordatorio de que, en la escena paraguaya nadie debe caminar solo.

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Voces que dominan el escenario