Sidra, pan dulce y La fiesta del caos
Villagrán cerró este año llevando a cabo de manera exitosa su ya tradicional evento “La fiesta del caos”, titulado igual que el primer álbum de estudio de esta banda que hoy por hoy no puede faltar en las playlist de rock y pop nacional o en la lista de guardados en el dispositivo de cada una de las personas que sigue fielmente a la agrupación tras casi quince años de actividad. ¿Cómo explicar que “La fiesta del caos” es prácticamente una tradición como la sidra o el pan dulce a fin de año?
Texto por Toby Galeano
Fotos por Kevin Cabrera
El primer fin de semana de diciembre, un mes caracterizado por las fiestas, se prestó con absoluta propiedad para el desarrollo de esta velada que retomó su formato de festival trayendo consigo en el cartel por primera vez a un invitado internacional, Cuatro Pesos de Propina desde el Uruguay, que compartió escenario con Aleshit y Los Ollies, propuestas más recientes de la música nacional; y por supuesto, Villagrán, finalizando el recital ya en horas de la madrugada.
Casi a las 21:30, todavía con baja concurrencia de público, Aleshit encendía los motores con un show potente de rap/hip-hop fusionado con el aura rockera del sonido distorsionado de una guitarra eléctrica y una batería a tope. Pero el arranque total se daría ya casi una hora después con Los Ollies, quienes presentaron un set que dio lugar a canciones del álbum que habían lanzado a mediados de este año. “Deslizándome”, “Luces de neón”, “Nos siguen pegando” y “En el medio del desorden” (canción que da nombre al álbum) movieron a las personas que poco a poco iban perdiendo la timidez y se acercaban al escenario.
Apenas unos minutos después de las 23 horas, los telones del escenario se abrieron nuevamente para dar paso a los invitados internacionales de la noche, Cuatro Pesos de Propina; quienes agitaron a los asistentes, ya amontonados en frente, con dos canciones iniciales: “La chispita” y “Esa mezcla de placer y dolor”.
Luego de las palabras de bienvenida por parte de Gastón Puentes y Agustina García, “No hay tiempo” hizo saltar para otra dimensión a la acalorada multitud que recién tendría sus primeros descansos en “Hoy sopa hoy” y “La llama”. Posteriormente la cumbia psicodélica de “Yamanterí” hizo bailar hasta a los que estaban en el fondo del auditorio.
Para los antiguos errantes, sonó alto “Náufrago”, y para los más nuevos, “Seguirte el vuelo”, una canción recientemente lanzada que cuenta con la colaboración de la banda, también uruguaya, MOTA, cuya voz principal está a cargo de Pablo Silvera, exvocalista de Once Tiros.
Uno de los máximos hits daba pie al tramo final, entre abrazos y gritos al cielo, se cantó al son de “Mi revolución”. Al finalizar la canción, el percusionista Gastón Pepe, dio unas palabras de agradecimiento al público paraguayo y también, la primicia de que estarían dando un show gratuito al día siguiente en un centro cultural muy reconocido de Asunción, demostrando así el apoyo internacional que tiene este espacio de cultura autogestiva. Tras el breve monólogo, el show cerró con las canciones “Umpa” y “La balacera”.
Ya después de la medianoche, Villagrán subió al escenario, y a las 00:37 exactamente, Miky González abrió el telón para hacer vibrar a la multitud que tenía enfrente con el habitual tema de introducción de sus conciertos, “Vibración”, seguido de “Si el mundo se partiera a la mitad”.
El sonido más electro-funk, característico de los últimos trabajos de la banda, se hizo presente en “Baby get up” y “Sonidos siderales”, éste último con un toque dubstep ya bien conocido por los fanáticos.
Llegó el primer clímax del show, un enganchado de tres canciones de su primer álbum: “Pastillas para no mentir”, “Alguna vez te pasó?” y “Villagrán Bolaños (Soy así)”. Todo tipo de bebidas volaron por el salón.
En ese punto, se abrió la sección de interpretaciones con invitados. “El rito”, con Aleshit y “Verano 99”, con Gastón Puentes, vocalista de la banda uruguaya que había tocado antes. El momento más íntimo se vivió con la colaboración de Franco Pinazzo en el violín y Matías Caballero, vocalista de Los Ollies, cantando “Me voy a ir a venir”.
El clásico “Señorita” sonó más desde el público que desde el escenario, y con el final explosivo de la anterior canción, se retomaron los saltos incesantes al ritmo de “Música pesada”, “Menage a trois” y “Se vienen los zombies”. Varias botellas de cerveza fueron víctimas de la euforia, que a esas horas ya alcanzó niveles desmedidos.
Tras el agradecimiento correspondiente a todos los presentes, el conjunto se iba despidiendo, no sin antes interpretar otro corte de su último álbum, “Mega high”. Y la historia se terminó con tres broches de oro, fueron “Sonrisa”, “Ritmo subtropical” y “Reguestone”.
Así finalizó otra edición de La fiesta del caos y de esta manera se responde la pregunta planteada al inicio de este escrito. Villagrán reafirmó una vez más por qué no puede faltar en las playlist de la música hecha en Paraguay, además de demostrar también la enorme capacidad a la hora de crear un espectáculo explosivo y pegadizo en vivo, lo cual ha sido siempre un factor absolutamente destacable de su parte.