Hamnet y el dilema de “Ser o no ser”
Chloé Zhao, directora de Nomadland (2020) y Eternos (2021), nos deleita con un drama histórico centrado en Agnes, la esposa de William Shakespeare, y su lucha por superar la pérdida de su único hijo. Se trata de una adaptación de la novela Hamnet de Maggie O’Farrell, quien se suma al proyecto junto a Zhao como guionista.
Por Yosué Ayala
Una trama emotiva
Tanto la novela como la película constituyen una realidad ficcionada, basada en los datos de cómo se cree que fue la vida de Agnes y William. El guion fluye con naturalidad y, si bien los acontecimientos transcurren a finales del siglo XVI, el temor de estos padres por perder a uno de sus hijos resulta completamente actual y palpable.
La ambientación de época es magistral, pero pasa a un segundo plano cuando conectamos con las emociones de los habitantes de este relato. Todos, en algún momento, enfrentamos una pérdida o al menos tememos vivirla, y llorar como una magdalena se vuelve un requisito infaltable al ver esta película.
Una puesta teatral
Protagonizada por Jessie Buckley y Paul Mescal, la película se narra desde una puesta en escena de fuerte impronta teatral, evidenciada en el uso constante de planos generales, que nos sumergen en la historia a través de las sentidas actuaciones del elenco, donde el drama es el elemento central de cada escena.
Lejos de restar, esta decisión suma: le otorga a la cinta un tono simbólico. Estamos ante una película que cuenta la historia de Agnes, la esposa del gran William Shakespeare, y abordarla desde una mirada teatral la convierte en un claro homenaje a la obra del reconocido dramaturgo.
La banda sonora, por su parte, es hipnótica. La música sinfónica, con toques melódicos y voces etéreas, refuerza el carácter casi sobrenatural del relato. Agnes, interpretada magistralmente por Jessie Buckley, ofrece una de las mejores actuaciones de la temporada de premios. La conexión de su personaje con la naturaleza resulta vital, y junto con la dirección de arte y el diseño de vestuario, enriquecen profundamente el relato.
Un detalle interesante que capturó mi atención fue el vestuario de Agnes: a lo largo del filme luce vestidos de tonos cálidos y vibrantes, colores que se van apagando a medida que avanza su tragedia. Una decisión claramente anclada en la pasión del personaje, una mujer destinada a sufrir.
“Ser o no ser, esa es la cuestión”
Paul Mescal brinda una actuación delicada y sentimental, logrando sumergirnos en la mente de William Shakespeare: un hombre que, a pesar de tenerlo todo, se encuentra en permanente conflicto con su entorno. Dicho conflicto se refleja también en su vestuario, dominado por tonos fríos y sobrios que subrayan su distancia emocional y su lucha interior. Este constante debate entre “ser o no ser” lleva a William a perderse en sí mismo, arrastrando a su familia en el proceso.
Si bien Mescal cuenta con poco metraje, cada una de sus apariciones enriquece la cinta, regalando grandes momentos junto a Buckley y reafirmando que Hamnet es una película sobre el duelo: sobre cómo Agnes y William enfrentan su tragedia, ella redescubriendo su naturaleza interna y él canalizando su dolor a través del arte.
El gran elenco infantil
Otro punto destacado son las sólidas actuaciones del talento joven. Jacobi Jupe y Olivia Lynes derrochan carisma y ternura como los gemelos Shakespeare, siendo el personaje de Jupe el que carga con mayor peso dramático.
El talento de Jupe es innegable: el joven actor logra transmitir la inocencia y el amor incondicional de su personaje, dejando en claro que dan ganas de seguir de cerca la carrera de esta prometedora figura.
Un drama reflexivo
Me gustaría finalizar con un dato de color: la cinta de Chloé Zhao cuenta con grandes nombres de la industria entre sus productores, como Steven Spielberg y Sam Mendes. Una combinación tal vez inesperada, pero que dio como resultado Hamnet, un drama reflexivo sobre la vida, la muerte y la tragedia, una historia con la que resulta imposible no empatizar.