Panchi Galarce: “Cada libro para niños con un mensaje final también va dirigido a los padres”
Tras años moviéndose entre el ritmo frenético de las agencias de publicidad y la visceralidad de la música, Panchi Galarce Recalde decide hacer una pausa en el ruido externo para conectar con su rincón más íntimo. El resultado es “Inspiranimales”, un universo literario que nace de sus recuerdos de infancia entre Paraguay y Chile, y de un homenaje a su propia herencia familiar. En esta charla, el autor nos revela cómo fue el proceso de vencer al “síndrome del impostor” para crear historias que, aunque escritas para niños, funcionan como un espejo necesario para el niño interior que todo adulto olvida en su rutina.
Por Mavi Martínez
— Me llama la atención que hables tanto de tu niñez en relación con el libro. ¿Qué recordás de tu infancia vinculado a la imaginación, los libros y las historias? ¿Cómo apareció ese interés cuando eras pequeño?
— Aparece desde un lado familiar. Por lo menos la gente de mi generación sabrá lo que es que la abuela te cuente cuentos, que los padres también estén ahí regalando libros. Crecí en una casa donde había mucha literatura y me acuerdo que mi papá, por ejemplo, me daba un premio si yo terminaba de leer un libro. Era una rutina juguetona y didáctica. Entonces siempre fue así: me inculcaron la lectura y yo aprendí en esa dinámica. También por el lado de mi mamá, tíos y abuelos, que son súper bohemios y siempre se les dio la escritura. La lectura me llegó por un lado y la escritura por el de mi mamá, que siempre tuvo presente el apellido Recalde. Por eso el libro está firmado así, como un homenaje a la familia escritora que tengo, de poemas, de ensayos y de todo eso.
— Creciste entre Paraguay y Chile. ¿Cómo influyó esa mezcla cultural en tu sensibilidad y creatividad?
— Yo nací en Paraguay, pero iba mucho a Chile por parte de mi papá. De alguna manera influyó porque hay partes de los cuentos donde traigo cosas de mi infancia. Por ejemplo, uno de mis tíos de Chile escribe música, tenía una banda y fue uno de mis referentes cuando yo era niño. Él me inventaba canciones de personajes animales; me hablaba de "Drilo el cocodrilo" y yo me quedé con eso hasta ahora. Ahora Drilo tiene un cuento en mi libro. Todo está muy pegado a lo familiar y a lo que traigo de mi experiencia; es un auto homenaje a la familia, muy vinculado con la historia hogareña.
— Trabajás en publicidad y hacés música, ambientes rápidos y viscerales. ¿Sentiste que te faltaba un espacio más lento e íntimo como el de la escritura? ¿Cómo nace la creación de una obra literaria frente a tus otras facetas?
— No es lo mismo. Se parece, pero en el día a día no es igual. En una agencia estás a mil, todo es para ayer y el deadline siempre es muy escaso. La música es visceral, como decís, pero al estar con una banda requiere de consenso, de democracia, de estar pendiente del tiempo del otro y llegar a acuerdos. Sin embargo, para hacer algo solo en un libro es mucho más íntimo: vos sos tu propio juez y marcás tu ritmo. Si te ponés un plazo interno, ya depende solamente de vos. Después queda el criterio de si contratás a un editor que te oriente, pero es un juego donde estás básicamente solo y te exponés. Al contrario de una banda, donde tenés a dos personas más protegiéndote de alguna manera, acá te exponés al criterio público por completo. Solo. En algo que nunca habías hecho.
— ¿En qué momento tomaste la decisión de sentarte a escribir y convertir tus ideas en un libro? ¿Cómo nació Inspiranimales?
— Sabés que no sé exactamente cuándo arrancó. Siempre quise, siempre vi con mucho cariño esa idea, pero el momento en que dije "voy a hacer esto" fue hace un año y medio o dos, a reventar. Dije: "Esto ya no puede esperar más, me está picando hace un tiempo". Me puse manos a la obra y, una vez que arranqué, ya no paré.
— ¿Ya tenías pensados los personajes y sus historias o cómo surgieron durante el proceso?
— No, tenía notas. Pero al tratarse de un libro para niños, empecé con el concepto de que cada cuento tenga una enseñanza específica. Que cada personaje tenga un tinte particular para contar situaciones que te lleven a un desenlace donde aprendas algo que puedas tomar como propio. Cuando empecé a ver que no fuera solamente entretenimiento, sino que tuviera un valor de enseñanza, busqué animalitos que encajaran. Empecé a explorar: "Bueno, vamos a escribir sobre la timidez ahora". El personaje que se me ocurrió fue un burrito, porque es más tímido; me imaginé a Ígor de Winnie the Pooh y por ahí quise hablar. Eso desencadena que el tímido, por miedo a no encajar, quiera pertenecer a algo que no es y le hagan bullying. Así se desarrollaron los cuentos. Después fui a lo extremo con un personaje muy travieso y elegí el animal que le correspondía. Primero me basé en el "problema" o la personalidad de cada uno y ahí los nombramos. Con el cocodrilo, por ejemplo, podría ser la apariencia: en el fondo es súper tierno y bueno, pero se ve feroz. Por ahí va cada insight.
— Mencionaste que este libro tiene mensajes que te habría gustado escuchar en tu infancia. ¿Qué necesitaba ese niño que hoy te contás a vos mismo?
— ¡Guau! Sobre todo en la parte introspectiva. En un mundo donde, especialmente cuando sos niño varón, parece que el que más se hace notar es el cabecilla de algo. Tal vez cuando sos niño querés demasiado estar en esa competencia para sobresalir, pero al crecer te das cuenta de que no es tan así. Cada uno es diferente y especial. Si te gusta escribir, no tenés que tener vergüenza. Si no sos tan bueno jugando al fútbol, no pasa nada si sos bueno haciendo otra cosa más artística. Va por ahí. Eso deja una enseñanza. También pensé en compañeritos de colegio; a uno le gustaba bailar muchísimo, pero como no jugaba al fútbol quedaba apartado del resto. Pensar en los compañeros que tuve y en cómo fuimos nosotros con ellos. Seguramente querrían haber escuchado ciertas cosas que los alentaran a cumplir sus deseos.
— Aunque escribís para niños, el adulto también se ve reflejado. ¿El enfoque del libro fue pensado exclusivamente para el niño o también para el adulto que lo acompaña?
— El enfoque, yo siento, es que cada libro para niños con un mensaje final también va dirigido a los padres. Primero, porque el padre es el que compra el libro y al que hay que convencer para que lo lea. Pero sí, va dirigido a los padres porque deja ese mensajito. A veces, cuando estás muy ensimismado en tu día de adulto, no estás pensando de esa manera. Si algo me enseñó este último tiempo es que uno tiene que ponerse a la altura del niño para poder hablarle; a veces uno se olvida inconscientemente de eso.
— ¿Y ese "ponerse a la altura" implica también recuperar la sensibilidad del niño interior?
— Totalmente. Pero uno está trabajando de ocho a ocho y se olvida hasta de su propio niño interior. Se pierde la inocencia en el día a día. Es ponerse en contacto con esa sensibilidad.
— ¿Qué te enseñó este primer libro sobre vos que no habías descubierto en la música o la publicidad?
— Es muy parecido a lo otro pero diferente, porque en todo tratás de vencer a tu propio yo, a ese síndrome del impostor que te dice que no sos tan bueno para hacer algo. Esto me enseñó a mostrar otra faceta: más vulnerable, más sensible, más infantil. Soy consciente de que no es literatura tan profunda como la de un Pablo Neruda, pero el valor es el mismo. El libro siempre será tu estandarte y esto me enseñó a animarme a hacer cosas diferentes, por más que sea algo parecido a lo que suelo hacer habitualmente. A veces pienso en hacer un libro más "adulto" o poesía, pero esto me estuvo picando en la cabeza: el animarse a hacer cosas.
— ¿Este libro es el inicio de un universo creativo más grande? ¿Qué planes tenés para expandir este proyecto?
— Una vez que uno saca algo, quiere ver qué más trae. Que no sea como un oasis, del tipo "me saqué el gusto y ya está". La idea es seguir escribiendo, que venga el número dos o incluso agarrar un personaje y hacer una historia exclusiva, un spin-off. Eso por el lado de la escritura. Pero después te imaginás hacer una canción sobre cada cuento, un disco de once temas porque son once cuentos... nunca para. Siempre hay ideas para expandir: el audiolibro, o que Netflix me compre y hagamos una serie de Inspiranimales. Nunca para esa idea de ver hasta dónde podemos llegar con una pequeña cosita que ya salió.
— Te agradezco mucho el tiempo para contarnos sobre el proceso del libro, Panchi.
— Muchas gracias a vos, Mavi. Gracias por hablar de esto, que es algo nuevo. Estamos buscando llevar algo diferente a la cultura paraguaya, alentar a que si tenés ganas de escribir, sumes tu grano de arena a la literatura y que tenga un sentido. Seguir haciendo cosas, de eso se trata.