Voces que dominan el escenario
Si la primera jornada fue una oda a la distorsión, el segundo asalto de Asunciónico fue un cambio de paradigma absoluto. El festival mudó de piel para abrazar un pop vibrante, poderoso y, por encima de todo, donde las mujeres mandan. Fue una celebración del ingenio sobre el volumen, donde el disfrute se convirtió en el acto de resistencia más político del día. El pulso ya no era un golpe en el pecho, sino un ritmo diseñado para mover los pies y sanar la psique.
Por Mavi Martínez
411Y: El metaverso de Fernando de la Mora
Cuando 411Y tomó el escenario, sentí como que estaba desbloqueando un nuevo nivel en el videojuego de la escena nacional. Ante una audiencia que ya desafiaba el horario temprano, la artista desplegó el universo de Kenopsia, su álbum debut, como quien presenta un manifiesto de la Generación Z.
Su set fue una colisión de alta fidelidad entre el dance, el hyper pop y la estética contemporánea, escoltada por una guardia pretoriana de bailarines y dos DJs que transformaron el predio en un club futurista.
Canciones propias como “Tamagotchi” y “Chapamos en el VIP” funcionaron como cápsulas del tiempo: letras que navegan entre las frustraciones líquidas de la juventud y la autogestión del éxito. Mientras que al invitar a YIK y SABB, 411Y dejó claro que el pop paraguayo actual no es un esfuerzo solitario, sino una red de talentos decididos a conquistar la pista de baile.
Aleshit: Del silencio de la frontera al rugido del escenario
La posta la tomó Aleshit, y con ella llegó una dosis necesaria de sofisticación y calle. Oriunda de Salto del Guairá, la rapera y cantante trajo consigo una versatilidad que parece sacada de los mejores años del neo-soul. Su propuesta se apoyó en una banda en vivo que le dio un cuerpo orgánico y poderoso a su sonido, permitiendo que su voz (un instrumento que oscila entre el terciopelo del R&B y el filo del hip hop) llenara cada rincón del festival.
Hay una mística especial cuando interpreta temas como “Casi toco el sky” o “Fama de malandra”. Son canciones que, como ella misma confesó con una mezcla de orgullo y vulnerabilidad, nacieron entre las cuatro paredes de su habitación.
Escucharlas ahora, amplificadas por un sistema de sonido masivo, es presenciar el sueño cumplido de una artista que sabe que su lugar está en el centro del escenario. “Kiss me” y “Miedo a na” fueron después la prueba de que el talento no entiende de distancias geográficas cuando la presencia escénica es tan rotunda.