The Killers en Paraguay: El poder intacto de una banda hechapara los grandes escenarios
La humedad de marzo parecía aplastar el predio de Asunciónico en su tercera jornada. Después de dos días de música, miles de personas cargaban el cansancio en el cuerpo: sol, barro seco, sudor acumulado. Pero cuando llegó el momento de The Killers, algo cambió en el aire. La energía volvió a encenderse como si el festival recién empezara.
Por Mavi Martínez
Era la tercera vez de la banda en Paraguay, pero todo indicaba que esta sería la más memorable. Sobre el escenario aparecieron los cuatro integrantes originales: Brandon Flowers, Dave Keuning, Mark Stoermer y Ronnie Vannucci Jr., una alineación que en los últimos años no siempre gira completa y que para muchos fans representó una suerte de reunión especial. Desde ese momento se percibía que la noche tendría otro peso.
La apertura con “My Own Soul’s Warning” fue un golpe directo al corazón del público. Esa mezcla de sintetizadores expansivos y guitarras luminosas que caracteriza al grupo de Las Vegas se desplegó como una ola sobre el predio. Luego el breve “Enterlude” funcionó como puente hacia uno de los primeros grandes momentos de comunión colectiva: “When You Were Young”, cantada por miles de voces que parecían no sentir ya ni el calor ni el cansancio.
Brandon Flowers, impecable en presencia y energía, asumió su rol con naturalidad absoluta. No es solo un cantante: es un showman salido de otra época del pop, con una mezcla de elegancia, teatralidad y cercanía que domina el escenario sin esfuerzo aparente. En un momento temprano del concierto se dirigió al público en español:
“Mi nombre es Brandon Flowers y seré su anfitrión esta noche. Si hay algo en lo que pueda ayudarles, háganmelo saber. Después de todo, somos The Killers y estamos aquí para pasar un buen rato”.
Ese gesto, sencillo pero eficaz, reforzó la sensación de conexión constante con el público paraguayo, algo que muchos asistentes comentarían después del concierto.
El repertorio avanzó alternando nostalgia y vitalidad. “Jenny Was a Friend of Mine” y “Smile Like You Mean It” trajeron de vuelta el espíritu de Hot Fuss, aquel debut que definió a toda una generación del indie rock de los años 2000. Más adelante, “Shot at the Night” y “Running Towards a Place” mostraron la faceta más luminosa y expansiva de la banda, donde el synth pop y el rock de estadio conviven sin conflicto.
El concierto también tuvo momentos de pura teatralidad pop. Con “The Man”, Flowers desplegó su ironía glam y su carisma exagerado, jugando con el público como si se tratara de una gran escena de Broadway trasladada a un festival de rock. La respuesta fue inmediata.
Pero si algo define a The Killers es su capacidad para convertir canciones en himnos colectivos. “Somebody Told Me” y “Human” fueron cantadas de principio a fin por una multitud que parecía saber cada palabra. En esos momentos el escenario y el público funcionaban como una sola entidad.
La emoción tomó un tono más introspectivo con “A Dustland Fairytale” y “Read My Mind”, dos canciones donde la banda deja ver su veta más sentimental. Flowers las interpretó con una intensidad contenida que contrastaba con la explosión de energía de otros pasajes del concierto.
Hacia el final del set principal llegaron “Caution” y “All These Things That I’ve Done”, esta última convertida desde hace años en un ritual colectivo. El coro de “I got soul, but I’m not a soldier” resonó en el predio como un mantra coreado por miles de personas.
El encore terminó de sellar la noche. “Spaceman” y “Just Another Girl” mantuvieron la energía en alto antes de que llegara el momento inevitable. Cuando sonaron los primeros acordes de “Mr. Brightside”, el predio explotó en un coro que parecía no tener fin. Más que una canción, es un fenómeno cultural: un himno que atraviesa generaciones y que, incluso dos décadas después de su lanzamiento, sigue funcionando como el cierre perfecto.